Lucas 5:17-20 (NTV)
«Jesús sana a un paralítico»
18 Unos hombres llegaron cargando a un paralítico en una camilla. Trataron de llevarlo dentro a donde estaba Jesús, 19 pero no pudieron acercarse a él debido a la multitud. Entonces subieron al techo y quitaron algunas tejas. Luego bajaron al enfermo en su camilla hasta ponerlo en medio de la multitud, justo frente a Jesús. 20 Al ver la fe de ellos, Jesús le dijo al hombre: «Joven, tus pecados te son perdonados».
Había escuchado y leído esta historia del joven paralítico y la intervención de sanidad divina por medio del Señor Jesucristo más veces de las que los dedos de mis manos pueden contar. Pero, no fue sino hasta hace poco tiempo, cuando con la ayuda del Espíritu Santo pude ver claramente el poder de las acciones y motivaciones inmersas en este gran milagro: intercesión, insistencia, determinación y persistencia de los amigos del joven paralítico, dirigidas por un alto nivel de confianza y fe en el Señor Jesús, y sobre todo, el amor y misericordia de Jesús para sanar y salvar.
Se puede ver que el joven enfermo no pidió ir con Jesús, o tal vez sí lo hizo, pero en este pasaje se ve claramente que fueron sus amigos quienes, con fe y confianza en Jesús, hicieron lo imposible a favor de su amigo, lo introdujeron por el techo de la vivienda con tal de que Jesús lo sanara. Sabían que traer a su amigo necesitado delante de Él lo ayudaría, que cambiaría su vida. No se rindieron ante la oposición que tenían en ese momento que era la gran multitud escuchando al Maestro. De esta manera, nuestro deber de interceder por nuestra familia, amigos y prójimo en general es imperativo como creyentes y discípulos de Jesucristo, porque Él siempre está y estará presto a escuchar nuestro clamor por nuestro prójimo y nosotros mismos, sin importar nuestras limitaciones o las “multitudes” que se puedan interponer.
Lo que describo a continuación me hizo conectar y reflexionar con el pasaje bíblico anterior. Diariamente recibo alertas con peticiones de oración específicas de parte de grupos de la iglesia a donde asisto y otros grupos de amigas cuyo fin es estar conectadas conociendo más de Dios, pero también servirle por medio de la intercesión por quienes nos encontramos en algún tipo de necesidad como sanidad, trabajo, restauración de relaciones, sabiduría, guía, liberación espiritual, consuelo, etc. Las necesidades son múltiples, pero hace unos días, una de esas alertas contenía alrededor de quince peticiones de oración de diferentes personas y, por ende, necesidades muy particulares. En ese momento, y con mucha convicción, pude ver y sentir, clamor y gemir de cada persona para enviar su súplica. Pude sentí su necesidad, su pesar, pero sobre todo vi la confianza que estaban poniendo en el grupo de oración, es decir, tenían la esperanza de que su petición sería presentada ante el trono celestial por gente incluso desconocida para ellos; pero también pude observar su fe en Jesús, en esa ancla divina que con seguridad respondería sus oraciones, tal vez no de la manera que ellos o nosotros pensamos, sino como el Dios Soberano y Omnipotente lo sabe hacer. Llegar a Jesús, y buscar ayuda en oración, es como cuando un niño va a su padre o madre en busca de ayuda. Por eso dice la palabra que debemos ser como niños clamando por la ayuda de Dios. Esto me recordó que el interceder entre nosotros es muy importante, y sin olvidar que el Intercesor por excelencia es el Señor Jesús (Romanos 8:26,27,34) (1 Juan 2:1). Él es quien alinea nuestras peticiones ante el Padre, y por eso muchas veces nuestras respuestas no son como creemos o queremos, sino de acuerdo con la voluntad de Dios, quien sabe qué cosas son mejores para sus hijos.
Luego, pensé que, si en ese momento yo estaba viendo la necesidad de 15 personas en un mismo sentir de ruego por necesidades totalmente distintas, cuantas más peticiones estarían entrando al trono de la gracia en ese mismo momento, me quedé sin palabras. Pero Dios no se abruma, El está en control porque simplemente es Dios, y trata cada petición con atención, misericordia, y sobre todo amor. Si realmente meditamos en lo divino, en lo transformador y el impacto que una oración puede tener en la vida de nuestro prójimo, creo que seremos más intencionales en el momento que alguien nos pida orar por su necesidad. El recibe todas esas oraciones, y aunque a veces El quede en silencio, o responda en su tiempo con un sí o no, Él está allí para escucharnos, para respondernos de la manera que El cree conveniente. La palabra de Dios dice que si nosotros que somos malos damos buenas dadivas (Juan 11:13), cuanto mayormente el Padre que sabe de qué cosas tenemos necesidad, pero El desea escuchar nuestra oración.
¿Cómo respondes cuando llega a ti una petición de oración de un familiar, amigo o desconocido? Te invito a que la próxima vez que llegue a ti un mensaje con una solicitud como estas, o simplemente veas a alguien en necesidad, o escuches la voz del Espíritu orar por esa persona, no te detengas, esa persona necesita de ti, y también Jesús necesita discípulos intercesores. La lección que Dios me dio es que no dejemos de ponernos en la brecha por las necesidades del prójimo, y que tampoco tengamos miedo de pedir oración por nuestras propias necesidades. Necesitamos de Dios las 24 horas del día los 365 días del año, y El está presto para ayudarnos. Hoy por ti, mañana por mí.
Wow que hermoso mensaje de la palabra de DIOS. Gracias por compartir estos tesoros de la biblia.
DIOS te siga dando revelación de su bendita palabra.
Muchas gracias Cindy por tu comentario. A Dios todo el honor! Bendiciones
Que lindo mensaje sobre la oración escribiste.
Se lo enviare a una oersona que contó que un día le habían dicho que orara por ella, y contesto:
Ud es quien tiene que orar por yd misma. Y no oro. .
Dice su palabra que la ORACION del JUSTO puede mucho.
Te felicito mija.
Muchas gracias mami. Que triste respuesta de esa persona. Es importante orar unos por otros.